No era necesario telefonearles desde Cataluña. Una una vez llegado al Puerto de la Cruz, me bastaba simplemente con asistir un lunes a media mañana hasta la terracita frente al mar de esa esquina prodigiosa que daba al muelle y que ofrecía el Bar Cayaya para reencontrarme, como cada verano, con mis viejos amigos de juventud.  “Los lunes al sol” seguía siendo nuestro lema

Por Zoilo López

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